Cantavieja carlista

Si Morella es con todo merecimiento la capital del carlismo del Maestrazgo, y aun de todo el Levante, Cantavieja es su talismán más preciado, el símbolo de sus orígenes guerrilleros y partisanos, la encarnación enrocada de su testaruda lealtad a una Causa mantenida a lo largo de medio siglo. Su nombre quedará ya por siempre unido al de aquellos carlistas montaraces y románticos, que hicieron de una humilde villa bajoaragonesa su capital espiritual y el baluarte sagrado de sus ensueños de resistencia y reconquista.

Primera capital de Cabrera

Cuando en 1836 Cabrera pasó a ser jefe indiscutido de los carlistas del Maestrazgo, pensó en la necesidad de dotarse de una base de operaciones que le permitiera establecer los mínimos apoyos que su creciente ejército y dominio territorial requerían. Para ello, entre todos los pueblos del Maestrazgo seleccionó por su emplazamiento y defensas naturales la villa de Cantavieja,entonces de unos 2000 habitantes,  rodeada de antiguas murallas y con un castillo apoyado sobre una roca escarpada de paredes verticales.

En abril de 1836 Cabrera fortificó Cantavieja, restauró las viejas murallas, hizo acopio de materiales y víveres, supervisándolo todo personalmente, haciendose presente en rápidas escapadas desde donde se encontrara para seguir la marcha de las obras.  En Cantavieja se estableció un hospital, ocupandose él mismo de comunicarselo a los heridos que hasta entonces no tenían  otro asilo que las cuevas de los Puertos. Creó una Academia y un depósito para los nuevos voluntarios ,  nombró gobernador militar y político de la plaza a D. Jaime Camps, y creó una Junta Auxiliar Gubernativa, cuya presidencia se reservó, para atender las contribuciones y poner en marcha, en un tiempo record y con la febril actividad que caracterizaba al caudillo carlista ,almacenes de víveres, hospitales, una fábrica de armas y municiones,el abastecimiento de salitre, azufre y plomo necesarios , y el acopio de vestuario y calzado. Cantavieja pasó a ser  el cuartel general de Cabrera , el centro de su intendencia militar y la única plaza que poseían los carlistas.[1]

Cabrera puso en marcha en Cantavieja una maestranza de artillería, de la que se encargaba José Marcoval, hermano del difunto Juan, que fue jefe de Cabrera en las primeras semanas de la guerra. Dos piezas del  4,  fabricadas en esta fundición, fueron llevadas por Cabrera para sitiar Gandesa a mediados de Julio de 1836. Las piezas resultaron imperfectas. Una de ellas para acertar al frente tenía que apuntarse a la derecha 15 o 20 varas –una vara equivale a 0,8 metros-  de distancia del punto dado; y la otra, al dispararse retrocedía hasta salirse de la batería. Las piezas fueron retiradas y el sitio levantado. Otros dos cañones del 8 se colocaron sobre las murallas de Cantavieja.

A la vista de la necesidad de artillería, Cabrera destinó en Julio de 1836 a la fundición de Cantavieja al capitan graduado de artillería D.Luis Soler, con el encargo de que formara una compañía de este arma, que fuera la base del cuerpo de artillería carlista y de un futuro batallón . Bajo su dirección se mejoro la elaboración de pólvora, balas y cartuchos, como también el taller de recomposición de armas. [2]

En Cantavieja en Julio de 1836 funcionaban dos hospitales, objeto de la solicitud de Cabrera, que dispuso aumentar el número de camas, reponer la botica y preparar hilas y vendages. Raras veces omitía la visita diaria a los enfermos.[3]

En Cantavieja se empezó a publicar en 1836 el Boletín del Real Ejército de Aragón, al que sucedió el Boletín del Ejército Real de los Reinos unidos de Aragón, Valencia y Murcia, que se publicó en la villa hasta el 15 de Julio de 1837. A partir de entonces se transformó en el Boletín del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia, cuyos primeros 165 números se editaron en Cantavieja, pasando los siguientes a hacerse desde Morella.[4] La edición en Cantavieja se llevaba a cabo en una imprenta adquirida en Tortosa y montada en Cantavieja por el sabio Dominico castellonense Fray Ambrosio Chinchilla a instancias de Cabrera. [5]

Cantavieja sirvió también a partir del segundo semestre de 1836 de depósito de prisioneros. Allí fueron conducidos, por ejemplo, los prisioneros hechos en la famosa expedición por el sur peninsular del general carlista D. Miguel Gómez, a la que se incorporó Cabrera con fuerzas del Maestrazgo.

 

Un poderoso ejército liberal toma la plaza

Fue precisamente durante esta ausencia del Maestrazgo del general Cabrera y algunos de sus mejores batallones, cuando el ejército liberal se propuso el asalto a Cantavieja para destruir la base de operaciones de los carlistas. En Septiembre de 1836 el general liberal Evaristo San Miguel se dispone a sitiar Cantavieja, cuya guarnición se componía del Batallón del Cid, un pelotón de Cuenca, y la Compañía de Artillería; el gobernador era D. Magín Miquel. La principal defensa de Cantavieja consistía en el castillo y la ermita de San Blas. Un recinto de paredes flanqueado por torreones cerraba el pueblo, protegido ademas naturalmente por los peñascos y asperezas del terreno.  Rodeaba la ermita de San Blas una pared de cuatro varas de altura y media de espesor, con cuatro torreoncitos para dominar el ancho foso que la circuía. El antiguo castillo se había reparado, y otra pared aspillerada protegía la comunicación entre el fuerte de San Blas y la plaza.

El 28 de Septiembre se presentó San Miguel delante de la plaza. Los cristinos adelantaron las baterias hasta el punto principal exterior, que era la ermita de San Blas. En el interior de la población los carlistas se enfrentaban entre sí, por considerar claudicante la actitud del gobernador D. Magín Miquel, de forma que los disparos realizados por las cuatro o cinco piezas de artillería y la débil defensa se debió sobretodo a la actitud de resistir del arcipreste de Moya, jefe carlista que poco entes había llegado a Cantavieja con 90 hombres, que se habían integrado en el Batallón del Cid.

El 29 de Octubre, superadas todas las dificultades topográficas, principiaron las hostilidades contra Cantavieja por parte de la división de San Miguel, que había salido de Castellón y San Mateo. El suelo estaba cubierto de nieve y el frío atenazaba a las tropas. Avisado Llangostera del riesgo que sufría la plaza, inició una larga marcha en su socorro. Pero no dió tiempo a llegar. El 31de Octubre San Miguel se había apoderado de la plaza, abandonada por sus defensores, sin utilizar los elementos de que disponía para oponer una vigorosa resistencia ( el gobernador sería por ello posteriormente apresado y sometido a juicio ). La guarnición “huyó precipitadamente en todas direcciones , echándose por los barrancos profundos que rodean el pueblo. Mas de 200 de ellos fueron alcanzados y muertos, pues no se dió cuartel a nadie” (parte del general San Miguel)

En los momentos previos a llevarse a cabo el sitio de la villa, el gobernador militar carlista D. Magín  Miquel había tratado de aducir la inmunidad que correspondía a  la población de acuerdo al Convenio de Elliot, por su carácter de depósito de prisioneros. El ejército liberal no hizo el menor caso de estas protestas, demostrando con ello que en el Maestrazgo había optado por la aniquilación del enemigo, sin considerar aplicable el Convenio firmado en el Norte para humanizar la guerra.[6] Tras tomar la plaza, los liberales liberaron a los cerca de 900 prisioneros que había en Cantavieja al tiempo que –según los diarios carlistas- fueron asesinados cuantos enfermos realistas había en el hospital, arrojadas las cabezas por el muro, saqueada la población, profanado el templo y robados los vasos sagrados. Los enfermos de la división navarra de Gomez, que estaban hospitalizados en Cantavieja, no sufrieron daño alguno al formar parte del ejército carlista vasco-navarro y serles aplicado el Convenio de Elliot, que los liberales no consideraban vigente para los combatientes del Maestrazgo.[7]

El 14 de febrero de 1837 la reina gobernadora María Cristina concedía la Cruz de Cantavieja a los que habían participado en la reconquista de la villa de los carlistas. La cruz está formada por dos cañones de oro, en aspa, con un medallón circular superpuesto, con un castillo de oro sobre fondo verde, rodeado de una faja blanca con el lema: “Sufrimiento y bizarría”.

Cantavieja pasaba a estar en manos liberales. Durante este tiempo se publicó probablemente aquí ,a finales de 1836 y principios de 1837,  la hoja volandera “La Cabra Facciosa” , en la se denostaba burlonamente a los partidarios del Pretendiente. [8]

La reconquista carlista: una astucia que vale un ejército

Desde que los carlistas perdieron Cantavieja, Cabrera no dejó de pensar en su recuperación por necesitar  un punto donde establecer sus hospitales y depósitos. Para ello se puso de acuerdo con los vecinos de la villa D. Luis Miñana, D.Nicolás Buch y D. Vicente Herrero, los cuales, ayudados por otras personas de Cantavieja, agujerearon la pared de la casa de un eclesiástico, que formaba parte de la muralla, próxima al rastrillo en la plaza del hospital. Avisado Cabrera que estaba todo preparado, no quiso abandonar el sitio de San Mateo en el que participaba. Mandó a Cabañero que poniendose de acuerdo con la “quinta columna”, llevase a cabo la sorpresa. Cabañero y Pascual Aznar, el segundo jefe de su columna, cumplieron las órdenes de Cabrera . Por la abertura penetraron treinta mozos de Mosqueruela al mando de Juan Vicente Edo. La guarnición, formada por 200 hombres del Regimiento del Rey y mandada por un inexperto y jóven teniente, fue sorprendida y desarmada sin poder presentar oposición. Ya habían ocupado los carlistas los puntos y calles principales, cuando se apercibieron los soldados, que cayeron prisioneros sin resistencia. Algunos oficiales y muy pocos soldados pudieron refugiarse en el reducto de San Blas, pero al poco capitularon. Al amanecer del 25 de abril de 1837, al mando de 450 hombres, los carlistas de Cabañero tomaban Cantavieja, apropiándose de cañones  -los que San Miguel había utilizado para el asalto a la población- , cartuchos y fusiles y haciendo 400 prisioneros.[9]

D.Juan Cabañero dispuso que en acción de gracias se dijese “ una Misa votiva de nuestra patrona la Santísima Madre de los Dolores, y en seguida se cante el Te Deum con toda solemnidad”.[10]

Dos horas y media y 450 hombres bastaron a los carlistas para hacer ondear el pendón de la legitimidad en la plaza y castillo de Cantavieja (Nota 52), cuya toma había exigido a los liberales movilizar la entera división del general San Miguel.

El 9 de mayo al llegar Cabrera a Cantavieja, mandó fusilar  en el arrabal al gobernador de la plaza, teniente D. Manuel Fajardo, dándose cuartel al resto de los oficiales, entre los que se encontraba un alférez paisano y amigo de Cabañero “con quien anduvo todo el día en la mayor amistad”.[11]

La toma de Cantavieja proporcionó a los carlistas la captura de varias piezas de artillería que San Miguel había usado en su asedio a la población, así como abundantes municiones y víveres.

Tras la reconquista de Cantavieja, Cabrera volvió a fijar allí el centro de sus operaciones y su agitada residencia. Mejoró considerablemente el antiguo hospital, y volvió a trasladar a él a los enfermos escondidos en las montañas. Cabrera aumentó la fábrica de fundición y  se instalaron imprenta, talleres de vestuario, fábricas de pólvora y otros establecimientos y oficinas. Don Ramón O´Callaghan fue nombrado gobernador militar y político. Empezaron a funcionar las Comisiones nombradas antes de la toma de la plaza: Comisión Militar ejecutiva permanente, Comisión Eclesiastica, de Hacienda etc. De los paños y lienzos que Forcadell recogió en su expedición a Orihuela, se hicieron chaquetas y boinas, bajo la dirección de D. Lorenzo Cala como encargado del taller de vestuario. Se uniformaron cuatro batallones -2 de Valencia y 2 de Tortosa- y la Caballería.

D. Luis Soler fue encargado de organizar cinco compañías de artillería, la fábrica de pólvora, una regular maestranza, dirigida por D. Gregorio Puelles, y la fundición de cañones. [12]

Volvió a publicarse el Boletín del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia, que salía a la luz los miércoles y los sábados. Era su director y redactor, dirigiendo la imprenta establecida en Cantavieja, el Padre D. Mariano Roquer, de la Orden de Predicadores, antiguo Rector del Colegio de Santo Domingo y San Jorge de Tortosa, en el que Cabrera había cursado estudios.[13]

El Rey visita la joya de su corona levantina

En el verano de 1837 llegó a tierras del Maestrazgo la Expedición Real a cuyo frente marchaba el propio Pretendiente D. Carlos María Isidro de Borbón. La Expedición Real acampó en La Iglesuela, desde donde Don Carlos quiso acercarse a Cantavieja acompañado de su servidumbre y ministros para conocer la villa que tan valiosos servicios prestaba a su causa. El 24 de Julio de 1837 Don Carlos entró en Cantavieja a las siete de la mañana, escoltado por un piquete  piquete de la Guardia de Honor de Caballería, donde le esperaba el Infante; los fuertes de la plaza le hicieron el saludo de ordenanza , y acompañándole los cabildos a la iglesia, se cantó el Te Deum. Reconoció en seguida todos los puntos fortificados, el hospital, talleres de armería, fundición, herrerías y cureñaje, y admiró, como lo había hecho en Navarra, los efectos de la lealtad, que por si misma presentó fabricas y producciones que no se lograban en otras partes sino a fuerza de millones. Finalizada la visita a las dependencias, concedió besamanos a todas las corporaciones y audiencia a todas cuantas personas la solicitaron, y las dos , después de comer en la villa, partió de regreso a La Iglesuela muy contento y satisfecho de lo que había visto. [14]

Base de las operaciones del ejército de Cabrera

Durante ese mes de Agosto organizó Cabrera en Cantavieja las fuerzas que debían incorporarse a la Expedición Real en su marcha hacia tierras de Castilla. Entre otras medidas, estableció en la villa un presidio correccional, donde hacer efectivas las sentencias de Comisión Militar y de los alcaldes mayores que había nombrado para administrar justicia en algunos pueblos de la linea.[15]

El 6 de Septiembre de 1837 llegaron a Cantavieja los prisioneros hechos en la victoria de Villar de los Navarros que no aceptaron pasarse a las filas carlistas, cosa que hicieron 1500 de los 2500 hombres y 25 oficiales. Los oficiales fueron encerrados en el fuerte, alojándose los soldados en las casas del arrabal, donde permanecieron 15 días antes de ser trasladados por distintas localidades.[16]

El 28 de septiembre de 1837 entró Cabrera en Cantavieja de regreso, reuniéndose de nuevo a su ejercito despues del parentesis de la Expedición Real.

Al final de octubre, los días 25 y 26, de 1837, Cabrera logró en Catí y Villar de Cañes obligar a desviarse al convoy que dirigía el general Oráa hacia Morella para preparar el asalto a Cantavieja. Con este motivo D. Ramon O´Callaghan, gobernador  de Cantavieja, publicó un bando que terminaba ordenando se hiciera iluminación general con repique de campanas y se cantara un solemne Te Deum.[17]

En Diciembre de 1837 se incorporaron a la maestranza de Cantavieja treinta armeros vascos, procedentes de tres batallones de la división de Zariategui, que se extraviaron en Soria al regreso a las provincias del Norte, y se incorporaron al Ejército de Aragón.[18].

El 7 de Marzo de 1838 entraron en Cantavieja las maltrechas fuerzas mandadas por el brigadier Don Juan Cabañero, que habían protagonizado la fugaz e inútil toma de Zaragoza en la jornada que pasó a la historia como la Cincomarzada yque costó a los carlistas más de 200 bajas y 800 prisioneros. Cabrera les recibió para recriminarles su fracaso y privar del mando a Cabañero.[19]

En Enero de 1838 los carlistas toman Morella en un golpe de mano que hace temblar las columnas del régimen de Madrid. Desde entonces Cabrera esperaba una contraofensiva liberal para reconquistar la importante plaza militar y estratégica, que pronto se vió materializada con la creación de un cuerpo de ejército al mando del general Oráa.  Como parte de sus preparativos para resistir el sitio, el general Cabrera hizo que se fundieran en Cantavieja diez cañones de diferentes calibres, diez morteretes de a 7 pulgadas, gran número de granadas, y 800.000 balas de fusil. Parte de estas eran de bronce, por falta de plomo. Al no tener plomo ni bronce, Cabrera se apoderaba de las campanas de las iglesias y de los balcones de hierro de las casas, incluso amagaba ataques a puntos fortificados, para que el enemigo respondiera, como solía, arrojando abundantes balas y granadas, que los carlistas recogían y llevaban a su maestranza.[20] Iniciado el sitio de la capital de Los Puertos en el verano de ese mismo año, Cantavieja proveyó de raciones para la defensa de Morella que asediaba el general Oráa.

En el verano de 1839, en pleno apogeo del poderío carlista en el Maestrazgo, la conspiración de Maroto lleva a la firma del Convenio de Vergara que pone fin a la guerra en el Norte y obliga al Pretendiente a pasar a Francia. Desde Cantavieja Cabrera y D. José Arias Teigeiro escribieron en Junio de 1839 a Don Carlos, animándole a no desmayar por la traición que supuso el Convenio de Vergara.

El inevitable final

Pero el final de las esperanzas de los carlistas del Maestrazgo se hacía inevitable, al concentrarse sobre su territorio un imponente ejército muy superior en número y recursos bélicos. En Abril de 1840, el general Ayerbe se apoderaba de dos cañones, de las herramientas, metales, máquinas de fundición y otros efectos que los carlistas tenían ocultos en una masía cercana a Cantavieja. [21].

El 4º Batallón carlista asumió la defensa de Cantavieja. El gobernador carlista Marconell descubrió un plan que contaba con algunos cómplices  interiores para entregar la plaza el día 3 sin derramamiento de sangre, ordenando el fusilamiento de Simón Clemente  y su hijo Santiago, hermano lego carmelita de 24 años, que se ofreció a morir en lugar de su hermano Francisco . Establecido el bloqueo de la plaza por los generales Ayerbe y O´Donnell, el gobernador consultó a Cabrera, que estaba en La Cenia, qué debía hacerse,  quien viendo la superioridad de los ejércitos enmigos reunidos contra él, dio orden de abandonar la plaza.[22] El 11 de mayo, la guarnición abandonó Cantavieja, cuando los liberales reunían enormes fuerzas para sitiarla, quemando antes o inutilizando cuanto podía servir al ejército, incendiando una parte de la población y volando el almacén de pólvora del castillo. La explosión destruyó la fundición y algunos talleres. Según Madoz, de las 240 casas del pueblo, quedaron destruidas 164, así como también la mayoría de las 60 casas que componían el arrabal, y también 17 masías. Tan pronto como el ejército cristino tuvo noticia del hecho, O¨Donnell penetró en la plaza el día 12, procediendo a sofocar el incendio. Los fuertes exteriores llamados de las Horcas y San Blas, sufrieron pocos daños.[23]

 

Sueños de emulación en la última guerra

Durante la última guerra carlista entre 1872 y 1876, Cantavieja volvió a estar en el primer plano de la contienda, constituyendo en este período el principal baluarte de la insurrección carlista en el Maestrazgo.

El 8 de Mayo de 1872, cuando parecían sofocados los primeros chispazos de la nueva  insurrección carlista, apareció en el Bajo Aragón la partida de D. Manuel Marco y Rodrigo, conocido como Marco de Bello, con 40 hombres armados que pronto se incrementaron por el gran prestigio de que gozaba el jefe aragonés en toda la comarca. Cinco días después  la partida de Marco fue batida en las inmediaciones de la Muela de Monchén, frente a Cantavieja, por una de de las columnas lanzadas a su persecución, mandada por el coronel Villacampa, sufriendo tres muertos, seis prisioneros y la práctica disolución de la partida.[24] ( Narración Militar … pag 240).

A finales del año 72 vuelve a avivarse el fuego de la insurrección. El 10 de diciembre la guarnición de Cantavieja fue sorprendida por el veterano cabecilla carlista D. Ignacio Polo Guardiola, el Confiter de Cinctorres.( Efemerides pag 40). A las siete y media de la tarde la partida de Ignacio Polo, compuesta por unos ciento cincuenta hombres, entró en Cantavieja, sorprendiendo y desarmando a la guarnición de  22 guardias civiles  que mandaba el teniente D.Santiago Díez en las casas en que se alojaban, que fueron prendidas fuego para intimar la rendición. En la acción murieron el cabo y tres guardias civiles, mientras que el teniente y otros 14 guardias fueron capturados, escapando los demás. Los carlistas marcharon a pernoctar a una masía, y volvieron a Cantavieja al día siguiente a celebrar la festividad de la Purísima, Patrona del Ejército Real.

Tres semanas después, el 31 de diciembre, la partida de Polo volvió de nuevo a Cantavieja con 115 hombres, sacando 1.000 reales del ayuntamiento.[25] .

El 27 de agosto de 1873 por la noche las fuerzas carlistas  de Segarra y Vallés coparon en Cantavieja a 150 soldados del regimiento de Almansa , los desarmaron y después los soltaron.[26]

Fracasados en Aragón los tres primeros levantamientos, el general carlista D. Manuel Marco –curado ya de la herida que había recibido en la Muela de Cantavieja, que costó el final a su partida de doscientos hombres- recibió orden de iniciar nuevo movimiento. Era el cuarto intento de lograr consolidar el alzamiento en Aragón, tras las fallidas intentonas de él mismo, Madrazo, Aznar y Cavero. Marco, que tras su curación había sido repuesto en su cargo de comandante general de Aragón.

El día 8 de Octubre se dieron cita los insurrectos en Luco, concurriendo 600 hombres y 40 caballos. Marco se encaminó a Cantavieja al frente de esta fuerzas  realizando una verdadera marcha triunfal por los pueblos de la zona, y el 13 de Octubre entra en Cantavieja con 2000 hombres [27]

Conquistada Cantavieja, como primera providencia Marco estableció una intendencia militar, que puso bajo la responsabilidad del comisario D. Pascual Lapuerta. Se organizó una caja y se dió principio al cobro de las contribuciones territorial e industrial con arreglo a los repartos del gobierno, por lo que acudían a liquidar a Cantavieja hasta 250 pueblos.[28]  El general Marco organizó su ejército formando dos batallones de ocho compañías cada uno y creó además una compañía de cien hombres como unidad de élite, formada por cazadores o tiradores bien instruidos,  que denominó de Guías del Pilar. A su frente puso a un tal Mallén, natural de Cantavieja “que es un león y lo más simpático y honrado que se conoce”.[29]

A principios de Enero D. Manuel Marco llevó a cabo la fortificación de la plaza –mandó construir el torreón circular del vértice del castillo-, y creó una Academia de cadetes dirigida por el jefe D.Joaquín de la Cambra –ilustrado farmaceútico zaragozano que fue a la vez gobernador de Cantavieja-, en la que se formaban como oficiales los jóvenes de casas acomodadas o con alguna instrucción que habían tomado las armas por motivaciones religiosas, y de quienes se esperaban mejores resultados, a pesar de su menor instrucción militar, que de los aventureros que llegaban a las filas carlistas con motivaciones menos elevadas. La academia se dotó de una biblioteca de textos de milicia y táctica de infantería y lo necesario para una acelerada instrucción militar que permitiera a aquellos jóvenes saber ejecutar y mandar las maniobras de compañía y batallón. Un capellán castrense se encargaba de las clases de religión y moral. Todo ello y el entusiasmo de los cadetes, hizo que a los tres o cuatro meses empezaran a salir los primeros oficiales aptos ya para mandar a los voluntarios que se incorporaban al ejército carlista de Aragón.[30]  Además de la academia de cadetes, Marco estableció un taller de recomposición de armas y un taller especializado en la fabricación de cartuchos –al que Marco dotó de máquinas apropiadas para recargar las capsulas que se recogían tras los encuentros con el enemigo- , con un almacén de plomo, y organizó la administración civil y militar del Ejército Real de Aragón, poniendo al frente de ellas a D.José Galindo Vidiella y D.Francisco Romero, respectivamente.

Junto a todo ello, se creo asimismo un hospital de 80 camas, al frente del cual se puso a D. Jaime García, que desarrolló con gran celo su trabajo y se dotó en poco tiempo de un personal instruido para atender a los enfermos y heridos en combate.[31]

Desde la toma de Cantavieja, Marco sabía que los liberales tratarían de reconquistarla, por lo que dispuso su fortificación. La plaza era inatacable por el sur, el este y aún el norte, pero expuesta por el oeste, si bien las alturas que la dominan estaban bien controladas por los carlistas. La decisión del general carlista de fortificar totalmente la plaza le enfrentó a D. Ildefonso Puerto, jefe de Estado Mayor de la misma. Las obras fueron llevadas a cabo en Abril de 1874, y se empleo en ellas a dos compañías de voluntarios que carecían de armamento, mientras Marco de Bello marchaba a tierras de Daroca y Molina a recaudar contribuciones, dejando al batallón de pallés con la misión de controlar los movimientos sobre Cantavieja de las columna liberal de Despujols. El 27 de abril de 1874 los batallones que integraban la columna del coronel republicano se presentaron a la vista de Cantavieja. El batallón de Pallés acudió en su auxilio –quizás ayudado también por las fuerzas del Maestrazgo mandadas por  Ignacio Polo- sosteniéndose un combate en las alturas de La Muela de Cantavieja. La columna Despujols estaba integrada por siete batallones, trescientos caballos y tres cañones. Algunas fuerzas carlistas de la guarnición de Cantavieja –defendida únicamente por D.Joaquín de la Cambra y los cadetes a su mando y por D.Ildefonso Puerto con una Compañía-  salieron en auxilio de sus correligionarios, disparando desde una masía contra la tropa liberal. Despujols bajó sus hombres al llano y los carlistas se replegaron al interior de la población, desde donde se abrió fuego contra las guerrillas liberales, que protegidas por la artillería y respaldadas por una compañía, se apoderaron a las doce de parte de las casas del arrabal de San Blas extramuros del pueblo. Al constatar los liberales que la única puerta de la muralla en aquella zona era inexpugnable, por estar situada en un recodo y flanqueada por un edificio muy grande de piedra con muchas aberturas, decidieron abrir un boquete en el ángulo de una casa , dentro de la que colocaron un cañón. Pero tuvieron que desistir de su plan, pues al primer disparo la casa se cuarteó y amenazó venirse abajo, resultando heridos el teniente y uno de los artilleros. La batería se trasladó entonces a 200 m de la puerta de la muralla, pero el fuego carlista les causó varios heridos, ante lo que Despujols ordenó la retirada a las cuatro de la tarde, por temer la llegada de las fuerzas carlistas del general Marco. Así fue en realidad, pues el bizarro Comandante General carlista de Aragón llegaba a Cantavieja a las siete de la tarde, tras una penosa marcha.[32] Desde entonces los carlistas pudieron considerar segura la posesión de Cantavieja, completándose y mejorándose los trabajos de fortificación.

Con la llegada del general Pavía a la jefatura del Ejército liberal del Centro a finales de Julio de 1874, los planes para atacar Cantavieja pasaron a segundo plano. La opinión pública nacional creía que tomada Cantavieja, el carlismo del Maestrazgo desaparecería como por encanto. Pavía tenía opinión diferente, según explica en su Memoria de aquellos días: “Cantavieja es un punto de difícil acceso por las malas comunicaciones y por las defensas mnaturales con que cuenta, pero no una plaza guerrera.Está rodeado de una mala fortificación, situado en una zona del Maestrazgo no muy estratégica, falto de recursos y alimentos, y que nunca lo ha utilizado el carlismo para sus fabricaciones de pertrechos y otras necesidades de guerra. En su interior no hay más que el depósito de prisioneros, un centro pequeño de instrucción y dos o tres compañías de soldados bisoños o ancianos. Su adquisición no reportaría ningún beneficio. Antes al contrario, hubiera sido perjudicial, supuesto una pérdida de tiempo valioso en la guerra y no servido para nada, ni siquiera para liberar a los prisioneros, pues al primer conato de ataque habrían sido trasladados a otro lugar”. Su plan ,en consecuencia, era atacar a las fuerzas del carlismo hasta vencerlas, seguro de que cuando estuvieran batidas y dispersas se entregarían todos los Cantaviejas sin necesidad de sitiarlos.

Por esos mismos días en que Pavía se hacía responsable del Ejército liberal del Centro, a mediados de Julio llegaba arrestado a Cantavieja el general Marco, víctima de las calumnias de Villalaín y otros jefes carlistas que aprovechando la desgraciada actuación en el intento de tomar Teruel, habían acusado al prestigioso general aragonés de “traidor” e incluso de “bandido”, motivando fuera relegado de su cargo y sometido a consejo de guerra. En Cantavieja  fue alojado en el edificio principal de la plaza. Su vida se acoplaba al ritmo de la milicia. Se levantaba con ellos, oía misa en la parroquia con Mosén Pascual –uno de los capellanes del Regimiento-, almorzaba el rancho con los oficiales de la guarnición y se retiraba a sus aposentos para ir preparando la defensa del consejo de guerra que le aguardaba. D.Manuel Marco permaneció en Cantavieja hasta primeros de Septiembre, en que fue trasladado a la Puebla de Benifasar. Después se le trasladaría a Horta, donde se celebró el Consejo en el que se declararía solemnemente que el proceso que se había instruido al general Marco no podía afectar en lo más mínimo a su honra y reputación militar, ni servir de nota desfavorable en su hoja de servicios. [33]

El último reducto contra toda esperanza

A finales de Junio de 1875, tras la gran derrota carlista de Villafranca del Cid y la decisión de Dorregaray de que el ejército carlista del Maestrazgo pasara el Ebro, Cantavieja quedaba poco menos que a su suerte. La opinión de Pavía no había estado muy descaminada, salvo en un punto: en ningún lugar el carlismo se rendía sin luchar hasta el heroismo. Y Cantavieja, el baluarte espiritual de la Causa en el Maestrazgo en dos guerras,  no iba a ser precisamente la excepción.

En aquellos días residían en Cantavieja dos mil y pico hombres, con muy pocas mujeres que no hubieran abandonado la población. Los dos batallones que constituian la defensa estaban mandados por el valeroso Don Manuel Madrazo[34]. Los prisioneros trabajaban continuamente en obras de fortificación.[35]

El 30 de Junio de 1875 a las doce de la mañana llegó a las inmediaciones de Cantavieja el general Jovellar -general en jefe del Ejército liberal del Centro- con la 4ª División, tomando las disposiciones para evitar que los carlistas pudieran atacar por la retaguardia a las fuerzas sitiadoras, y situando las baterías en los lugares estrategicos para batir la plaza. A las seis de la tarde se incorporó al sitio el general Martinez Campos, capitán general de Cataluña, con las brigadas de Saenz de Tejada y la de Nicolau, acompañadas de abundantes piezas de artillería, que pasaron igualmente a emplazarse en los principales puntos. En el interior de la plaza había tres batallones carlistas -dos de Castilla y el 3º de Aragón-, una compañía de veteranos, la de cadetes y un gran número de individuos sueltos de diferentes cuerpos, transeuntes y convalecientes, pero capaces de tomar las armas; tenían ademas dos piezas artilleras de a 8 cm largas. En el pueblo se encontraban la Diputación a guerra y la Intendencia, y un gobernador de la plaza, el brigadier D.José García Albarrán, nombrado hacía poco, con mayor categoría y prestigio, sabedores de que la plaza sería sitiada .

Que los carlistas se habían propuesto resistir lo revelaban las obras de defensa que venían construyendo desde el mes de Abril, y que aún no habían podido terminar, pues no esperaban el sitio tan pronto. Las defensas consistían en una trinchera en toda la extensión del frente posible de ataque a unos 500 metros de la villa, en dirección a Fortanete, Mosqueruela e Iglesuela; otra segunda, en el mismo frente, a unos 150 m; un lienzo de muralla, de metro y medio de espesor, cerrando la parte que el caserío dejaba abierto, y tanto en éste como en aquella, cinco órdenes de aspilleras en los muros. Dos cañoneras bajas permitían batir con fuegos rasantes las inmediaciones de la puerta de entrada al pueblo, y dos torres interiores, preparadas para el emplazamiento de una o dos piezas, permitían a éstas disparar en todas direcciones. Por último, en el interior de la población existían numerosos parapetos y traveses que evitaban la enfilada de las calles y servirían de sucesiva defensa si los sitiadores penetraban en ella.

Lo liberales establecieron una bateria a 1800 metros que batían una de las torres de la plaza y permitían enfilar el frente de ataque. Desviaron las aguas del manantial que nutría las fuentes de la población, con lo que no quedaba a los defensores más agua que la de una cisterna en el Calvario en malas condiciones, y que además estaba en el lado que da al barranco, abierta por todos los lados a los fuegos de enfrente.

El día 1 los liberales avanzaron y se apoderaron de la primera trinchera, situando en ella su artillería, compuesta de 16 piezas, que quedaron emplazadas. No obstante, el fuego de éstas piezas no consiguió abrir brecha, por lo que se dió orden de traer urgentemente cuatro de a 12 cm desde Barcelona y Vinaroz.

El día 2 continuaron las baterías el fuego y se cerró por completo el bloqueo.

Durante los bombardeos los miembros de la Junta Superior carlista de Aragón (Diputación e Intendencia) se guarnecían en la iglesia, al resguardo de su maciza construcción. Como de costumbre, se rezaba el rosario a las siete, y se hacían rogativas a la Virgen para que no les abandonase y enviáse lluvias que llenaran los algibes.

Los días 3 y 4 el fuego se concentró contra una casa que formaba parte del recinto de la plaza, en el angulo de la derecha del frente de ataque, en la que se confiaba poder abrir brecha. A las dos de la tarde del día 4, tras solicitarse una tregua,  se presentó al general Jovellar un oficial carlista de sanidad militar con una carta del gobernador carlista  D.José García Albarrán, en la que solicitaba un estuche de bisturies para poder atender a sus heridos, a lo que accedió Jovellar. Terminada la conferencia, se reanudó el fuego con mayor intensidad que antes.

El día 5 todo el fuego artillero siguió concentrado en la mencionada casa en la que parecía posible abrir una entrada, como así fue al cabo de las horas. Vista viable la penetración, se designó una columna para el asalto, al mando del coronel D.Luis Pando, integrada por dos secciones de 350 y 300 hombres respectivamente. A las nueve de la noche, tras intensísimo cañoneo y simulación de asaltos por otros lugares, la columna intentó el asalto, que fracasó ante la vivísima defensa de los sitiados. El fuego entre las dos líneas duró toda la nocha. A la mañana siguiente, 6 de Julio, se reunieron en consejo los jefes superiores en los sótanos de la iglesia, para discutir los términos de la capitulación que se veía inevitable agotadas las municiones y convertido el pueblo en ruinas tras cinco días de sitio. Los carlistas izaron bandera de parlamento, y el gobernador de la plaza salió a tratar de la capitulación, que le fue concedida. La capitulación se firmó sobre un cajón de municiones delante de una de las baterías de brecha. Los 288 jefes y oficiales y 1830 voluntarios que integraban la defensa como prisioneros de guerra.

Con la caida de Cantavieja, “capital y baluarte de la insurrección”, como la calificó el general Jovellar, y con el paso a Cataluña del Ejército Real de Centro, decidido el 1 de Julio por el general Dorregaray y los jefes del mismo, mientras tenía lugar el sitio de Cantavieja, terminaba la tercera y última guerra carlista en el Maestrazgo.[36]


[1] Buenaventura de Córdoba, Tomo II, pags 30 a 37.

[2] Idem, Tomo II pags 67, 70 y Nota 22.

[3] Idem pag 71

[4] José Altaba Escorihuela, pag 118.

[5] José Navarro Cabanes, pag 20.

[6] Buenaventura de Córdoba,  Tomo II pag 141.

[7] Narraciones pormenorizadas de la toma de Cantavieja por el general San Miguel en Buenaventura de Córdoba  Tomo II pag 146 a 151; y Cabello, Santa Cruz y Temprado, pag 138.

[8] José Altaba, pag 114

[9] Detalles en B. de Córdoba, Tomo II pag 213 y Notas 50,51 y 52;  datos adicionales en  Cabello, Santa Cruz y Temprado pag 188-89 ; Antonio Monfort, pag 499;  y J.Altaba, pag 114.

[10] B. de Córdoba, Nota nº 51

[11] Idem, Nota 50.

[12] Idem, Tomo II pags 230-231.

[13] Idem, Tomo II pag 272.

[14] Ver B. de Córdoba, Tomo III pag 18;  A. Bullón, “La Expedición…” pag 125 y 126; y  J. del Burgo, pag 206.

[15] B. de Córdoba, Tomo III pag 34.

[16] Revista “Historia y Vida” extra  nº6, pag 106.

[17] B. de Córdoba, Tomo III pags 62 y 80.

[18] Idem, pag 100

[19] Jose Marí de Jaime y José de Jaime, pag 43.

[20] B. de Córdoba, Tomo III pag 294.

[21] Idem, Tomo II pag 289.

[22] J.Altaba,  pag 120.

[23] Pascual Madoz, pag 89; y  Cabello, Santa Cruz y Temprado, Tomo II pag 171.

[24] Cuerpo de Estado Mayor del Ejército, Tomo 12 pag 70; y  Manuel Salvador, “Vivencias de la última…”, pag 222.

[25] Cuerpo del Estado Mayor del Ejército, Tomo 12 pag 82

[26] Manuel Salvador, opus cit.  pag   223

[27] Joaquín Aranda, pag 51.

[28] Jose María y José de Jaime, pag 144.

[29] Idem pag 237

[30] idem, pag 149.

[31] idem pag 151.

[32] Cuerpo de Estado Mayor del Ejército,  Tomo 12 pag 457-58; A. Pirala, Tomo 5 pags 544 a 546 (edición 1878); y Barón de Artagan, “Victorias de Carlos VII, pags 159 y 161).

[33] J.M de Jaime Lorén y J. de Jaime Gómez, pag 13 y ss; y Barón de Artagan, “Victorias de Carlos VII, pag 160.

[34] J.M de Jaime y José de Jaime, pag 208.

[35] Ciro Bayo, pag 197 y ss.

[36] Cuerpo de Estado Mayor del Ejército, Tomo 12 pags 433 a 443; y Ciro Bayo, pags 197 y ss.

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